Jirones de la Historia

Este es un blog dedicado a todas aquellas personas interesadas o amantes de episodios de nuestra Historia.


Alejandro Magno contra el Cínico


Uno altivo y otro sin ley,
así dos hablando estan.
Yo soy Alejandro el rey,
yo soy Diógene el Can.

Vengo a hacerte más horada tu vida de caracol.
A si, pues no me tapes el sol







lejandro





viernes, 16 de julio de 2010

ISABEL II

En 1830 Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, ley que restablecía el tradicional derecho sucesorio castellano de Las Partidas de acceso al trono de las mujeres si el monarca moría sin descendencia varonil.

En virtud de aquella norma, Isabel, hija de Fernando VII y de su cuarta esposa, Maria Cristina de Borbón, niña de tres años incumplidos, fue jurada Princesa de Asturias, y muerto su padre, en el mismo año, proclamada reina de España, bajo la tutela y regencia de su madre.

Pero su tío, Carlos María Isidro, en aras de la vigencia de la Ley Sálica, que impide el acceso femenino al trono, ya derogada por Calos IV y Fernando VII, se negó a reconocer como Princesa de Asturias y Reina a su sobrina, lo que desató la primera guerra carlista y dividió al país en dos bandos irreconciliables: cristinos o liberales, partidarios de la Regente y de su hija Isabel, apoyados por Francia e Inglaterra, países constitucionales; y los carlistas o absolutistas, defensores de la iglesia y de la tradición y ayudados de Prusia, Austria y Rusia.

La regencia de Maria Cristina, marcada por la guerra carlista, obligó a la Regente a buscar el apoyo de los liberales, los cuales veían en la opción isabelina posibilidades a sus ideas de progreso, y cuya consecuencia fue el Estatuto Real de 1834, que si supuso un retroceso frente a la Constitución de Cádiz, no obstante, la corona cedía poder político a las Cortes, -aunque se reservaba amplios poderes-, pero la Constitución Progresista de 1837, afirmaba el principio de soberanía nacional y la practica parlamentaria de un sistema bicameral: Congreso y Senado. Con estas reformas se dio un paso decisivo hacia las trasformaciones socio-económicas que alumbran el desarrollo de la sociedad capitalista, el liberalismo político y la modernización del país.

Sin embargo, la hostilidad de la Regente hacia los liberales y su política, su remilgos absolutistas, su matrimonio morganático, la preferencia por los moderados, en detrimento de los progresistas, las ramas que su actuaciones dividió a la familia liberal, su fracasado intento golpe palaciego, que costó la ejecución de los míticos cabecillas: Montes de Oca y Diego de León, dieron lugar a un creciente malestar social y a pronunciamientos militares que obligaron a la Regente a exiliarse y cuya regencia ocupó el general Espartero, jefe del Partido Progresista y héroe contra la Guerra Carlista, - Convenio Vergara y derrota de Cabrera en el Maestrazgo-.

Derrotado Espartero, después de tres años de predominio político progresista, y para evitar nueva regencia, se decidió adelantar la mayoría de edad de Isabel II, quien, por tanto, comenzó su reinado personal con solo trece años, pero su carácter aniñado, sin dotes de gobierno y presionada por su madre, la Corte, y los generales: Narváez, Espartero, O´Donnell, crearon una situación compleja de altibajos, que marcaron la política del resto del siglo XIX y parte del siguiente, e impidió que el tránsito del antiguo régimen absolutista a un modelo liberal, culminase favorablemente a las necesidades de progreso y del país.

Y en lo sucesivo, Isabel II inclinó sus preferencias hacia los moderados, e incumpliendo sistemáticamente su papel arbitral de reina constitucional, pues siempre llamó al mismo partido a formar gobierno, lo cual obligó a los progresistas a recurrir a la fuerza para tener opción de gobierno, con pronunciamientos militares, insurrecciones, algaradas callejeras.

La ignorancia y candidez de Isabel II se complicaron con su insatisfacción sexual, fruto del desgraciado matrimonio que, por razón de Estado, le impusieron a los dieciséis años de edad con su primo Francisco Asís, hombre apocado y homosexual, o bisexual según los diversos autores y al que la reina odiaba. Esto fue, sin duda, una elección desacertada que abocó a la infelicidad de Isabel y a la separación de los cónyuges en los primeros meses de la boda y que ella intentó compensar con una intensa y criticada vida amorosa, en brazos de una sucesión de amantes reales que, lógicamente adquirieron influencia e interfirieron en las decisiones de la corona. A Isabel II le nacieron once hijos, de los que solo cuatro llegaron a la edad adulta: Isabel, Alfonso, Pilar y Eulalia.

Uno de estos amantes, un rico llamado Santaella, sufragó los gastos de una estatua  de Isabel II, que se ubicó en una plaza de Madrid, y el día de su inauguración apareció pegado sobre la escultura un quinteto que decía:

"Santaella de Isabel
costeó la estatua bella
pero el eco del bulgo fiel
dice que no es santo él
ni tampoco santa ella."

No obstante, la España del reinado de Isabel II evolucionó respecto a la heredada de su padre, Fernando VII, sobretodo en el terreno económico, obras públicas -redes de carreteras y ferroviarias, canal de Isabel II - y estructura social, Pero estos cambios, vertiginosos en Europa, -la revolución industrial que cambiaba completamente la economía-, en España son lentos e inconstantes, pues la permanente guerra carlista y la incapacidad de organizar un estado liberal, impidió un proceso real de industrialización que se llevó a cabo en un país desarticulado, donde el desarrollo se daba sobretodo en la periferia -Cataluña, Málaga, Sevilla, Béjar, Alcoy-, por empresarios sin capacidad y unos dirigentes, que no solo no les apoyaban, sino que les veían con desconfianza

Isabel II reinó durante un periodo de transición en España, en la que la monarquía cedió poder al parlamento, pero puso continuas trabas a la participación ciudadana. Así, en el terreno de las luchas por las libertades democráticas, el falseamiento de las instituciones y la corrupción electoral -ningún partido perdió unas elecciones que hubiera organizado-, su reinado es la historia de un fracaso, y si hubo cambios fue por la interferencia de una casta miliar que cambiaba gobiernos a base de pronunciamientos de uno u otro signo.

Es una historia azarosa, como la época a la que ella dio nombre, que la harían pasar de una imagen positiva, de gozar de un gran cariño entre su pueblo, de ser la enseña de los liberales, frente al absolutismo, y una especie de símbolo de libertad y progreso, a ser repudiada y condenada como la representación misma de la frivolidad, lujuria, crueldad y deshonra de España, que intentaría barrer la revolución de 1868.

A más, los escándalos de palacio, aireados por su propio esposo, y de la camarilla religiosa oscurantista palaciega de la Corte, de consejeros y confesores, los padres Claret y Fulgencio y de la estrambótica moja de las llagas, sor Patrocinio, que aprovechando el sentimiento de culpabilidad y accesos religioso de la reina, hicieron sentir también su presencia y fueron causa de su descrédito ante el pueblo y la opinión liberal.

Isabel II, desde el comienzo de su reinado. inauguró la tónica de aupar diez años ininterrumpidos, 1844-54, de gobierno moderado, en el que el poder estuvo dominado por Narváez, que plasmó la Constitución de 1845, que refuerza el poder de la corona frente a los órganos de representación nacional, anula las conquistas del liberalismo progresista, paraliza el proceso de Mendizábal, establece relaciones con el papado que reconoce la legitimidad de Isabel II y se obliga a sostener el culto en compensación de los bienes de la iglesia desamortizados.

El descontento liberal, contra esta política represiva y absolutista, provocó una sublevación de O`Donnell, que dio paso al Bienio Progresista, 1854-56, marcada de nuevo por la influencia de Espartero. Pero una nueva interferencia militar abrió un proceso de alternancia entre los moderados de Narváez y un tercer partido de corte centrista, que duró cinco años, La Unión Liberal, liderado por O´donnell, que tuvo que desbaratar la intentona carlista de San Carlos de la Rápita, donde fue hecho prisionero el conde de Montemolín que hubo de renunciar a sus derechos para recobrar la libertad.

Pero los progresistas, excluidos del poder, se inclinan por la vía insurreccional, y esta vez exigen el destronamiento de Isabel, acusándola de intervensionismo partidista y desleal a la voluntad nacional, lo que acabó por causar su final, al dar paso a la revolución de 1868.

La situación no era fácil, O´Donnell se retiró agotado de la vida política. Muerto Narváez el 23/04/68, le sucedió el autoritario, González Bravo, que ordenó a la guardia civil disolver la manifestación de catedráticos y estudiantes de la noche de San Daniel que produjo nueve muertos, y creyó impedir la revolución desterrando a varios generales, pero solo consiguió precipitarla, se hundía el sistema moderado y arrastraba consigo a la corona, ya que la revolución estaba fraguada, y el fin de la monarquía se acercó el 19/09/68 con La Gloriosa, al grito “¡Abajo los Borbones!, ¡Viva España con honra¡”. Isabel II de vacaciones en Guipúzcoa y abandonada de todos, marcha al exilio francés.

En 1870 abdicó en su hijo y confió, a Canovas del Castillo, la defensa en España de la restauración dinástica, que se logró, tras el fracaso del Sexenio Democrático, en 1874, con la entronización de su hijo, Alfonso XII. La reina madre, símbolo del pasado y desprestigio de los Borbones, regresó a España en 1876, severamente vigilada y bajo la prohibición de cualquier actividad política, y las desavenencias con el gobierno de Canovas, le decidieron a exiliarse definitivamente en París, separada de su esposo y de la política activa, donde permaneció durante treinta años, resentida y aislada, sobreviviendo a su madre 1878 su hijo 1885, su marido 1902 y a la mayor parte de sus amantes y amigos.

Murió en la mañana del 9/4/1904 en su residencia parisina. Sus restos fueron trasladados al Escorial para darle sepultura en el Panteón de los Reyes y como epitafio podemos citar las palabras de Pérez Caldos que la entrevistó poco antes de su muerte y en las que extremó su magnanimidad. Helas aquí:

El reinado de Isabel se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasaran sin dejar rastro. La pobre reina , tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro sin que la muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa; en el se verá el origen y embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón y a la caridad , como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue el haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano”.

miércoles, 2 de junio de 2010

JUANA LA LOCA





















Juana, infanta de Castilla y Aragón fue la tercera hija de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Nació en Toledo el 06/11/1479 y recibió el nombre del santo patrón de la familia, al igual que su hermano mayor, Juan.

Desde pequeña fue muy inteligente y recibió una esmerada educación, quizas demasiado rígida tanto por parte de su madre como de sus maestros, propia de una infanta y probable heredera de Castilla, basada en la obediencia más que en el gobierno, propio de la instrucción de príncipes, Alumna aventajada en comportamiento religioso, urbanidad, entrenada jinete y buenas maneras, propias de la corte, sin desestimar danza y música, lenguas romances de la Península además de francés y latín.

Como ya era costumbre en la Europa de su tiempo, los Reyes Católicos negociaban los matrimonios de sus hijos en función de sus intereses estratégicos, y conscientes de las aptitudes de Juana y la necesidad de reforzar los lazos con el Sacro Emperador Romano Germánico, Maximiliano de Habsburgo, en contra de los hegemónicos monarcas franceses, ofrecieron al Emperador la mano de Juana para su hijo Felipe, Archiduque de Austria, y a cambio pidieron la de su hija Margarita de Austria, como esposa para el príncipe Juan.

Aunque Juana y Felipe no se conocían, al verse, se enamoraron locamente. No obstante, Felipe pronto perdió el interés en la relación, lo que hizo nacer en Juana unos celos patológicos , que se agudizaron con la llegada de sus hijos: Leonor, Carlos e Isabel, y ya después, Fernando, Maria y Catalina que fue póstuma.

Pero el destino reservaba una mala jugada a los confiados y satisfechos, por los triunfos conseguidos, Reyes de Castilla. La muerte, la insaciable destructora de vidas, comenzó a trabajar sin descanso, llevándose a los herederos, uno tras otro, aquellos que debían continuar y hacer de España la nación más poderosa del universo de entonces.

Y Juana comenta: Isabel se estremecería cuando vio que la muerte detuvo su siniestro ante mí, la tercera de sus hijas, a la que menos amó, y a la que había alejado de su lado, casándola con un austriaco, que, ironías de destino, instauraría en España una dinastía extrajera, que era lo, que precisamente, más odiaban y temían.

Algo indescriptible debió de invadirla, y queriendo salvar del inevitable naufragio su continuo quehacer, redactó y firmó el codicilo que debía separar los Reinos al declararme única propietaria de Castilla. Mi padre lo consideró un disparate, al ver que se le escapaban las riendas del poder, y la hizo recapacitar para que le nombrara regente, en caso de que yo estuviera ausente del los Reinos.

Con ello firmó mí condena, sometiéndome a la más canallesca conducta del avariento Fernando de Aragón, del que no podía sospechar que me sacrificaría tan cruelmente, cuando con astucias y engaños consiguió las riendas del Estado a la muerte de la Reina.

Muertos sus hermanos Juan e Isabel, así como el hijo de esta, el Infante portugués Miguel (1500), Juana se convirtió en la heredera única de Castilla y fue jurada, junto a su esposo, por las Cortes de Toledo, el 22/05/1479 .

Pero la ambición de sus seres más queridos, que ninguno la amó, la hizo victima propiciatoria para que ardiera en holocausto incomprensible. pues su apasionado temperamento no le permitía razonar y disculpar las ofensas e infidelidades de Felipe, y en esto se apoyó él para pedir al traidor Moxica que llevara un diario con las excentricidades, lo que llamaron fanatismos, para demostrar que su razón no era lógica y que las nubes de la locura la habían invadido como a su abuela materna.

Todo esto y más lo supe después, cuando ya me tenían internada en Tordesillas dice, Juana, pero cuando se le presenta la ocasión de hablar libremente, su razón brilla con fulgores de absoluta verdad, lo que atemoriza a sus verdugos, porque pone al descubierto la villanía, y como, su propio padre y su marido, Felipe, pactaron repartirse el poder y tenerme al margen del gobierno de los estados, a pesar de lo dispuesto por la reina, y después de la felonía de ambos, mi hijo, en el que en ciertos momentos puse mis esperanzas, siguió la conducta de ellos, y me mantuvo no solo alejada del poder, sino de la vida misma.

Y continua, no podemos negar que nuestra dinastía comenzó bajo el peso de un crimen y se afirmó en un charco de sangre, pero las secuelas de este asesinato, cometido por Enrique de Trastámara, han pesado sobre todos sus descendientes.

Mi madre, Isabel, descendiente del fratricida Enrique II, consiguió sentarse en el trono que usurpó, con premeditación y alevosía, a su sobrina y ahijada, mal apodada la Beltraneja, porque no había duda de que sí era hija de mi tío, el vilipendiado Enrique IV. Y Beltrán de la Cueva, a quien le adjudicaron la paternidad de la princesa, jamás la defendió, dato que demuestra que no era su hija.

Pero el acoso y la persecución a la infeliz e inocente heredera, de doce años al morir su padre, se hizo tan despiadadamente, que tuvo que huir a Portugal , bajo la protección de su tío, Alfonso V, y, apoyándose en causas políticas, se la obligó a vestir el sayal de monja de clausura de donde jamás saliera. Y pienso que los matrimonios de mis hermanas, Isabel y María, con el Rey de Portugal tenían como principal motivo el mantener en su sitio a su prima la enclaustrada.

En esa ergástula permaneció cincuenta años. Quizás casi los mismos que a mí me sean en Tordesillas. Ella por la avaricia, la inquina, y el odio de mi madre. Y yo, por la ambición de mi padre, mi esposo y mi hijo. El nefasto pecado se proyectó sobre todos nosotros. La muerte sobre mis hermanos y sobrinos, iniciaron el calvario de Isabel de Trastámara, y el mío, ser la victima inocente de los seres más allegados, y que en lugar de ser mis defensores, fueron mis verdugos, apoyados en la razón de estado, que tampoco podían manifestar, pues hubieran descubierto su coartada.

Y yo, lo repito y lo repetiré mil veces, fui la victima de todos ellos. Me convirtieron en la eterna prisionera. La muerta en vida. El ser que nadie debía ver, ni hablar. A quien hicieron consumir su existencia entre los muros de un castillo, con crueles carceleros, y a quien apodaron: Juana la Loca.

martes, 4 de mayo de 2010

Lope de Aguirre



Aguirre nació en 1510 en el Valle de Araotz, municipio de Oñate, Guipúzcoa, según unos, y en el Valle de Aramayona, Álava, según otros.

En su juventud, zapatero en Álava, fue condenado a la pena de horca por abusar de una doncella, pero escapó de la prisión y huyó a alistarse en Sevilla a una expedición de 250 hombres que al mando de Rodrigo Burán, le llevó a Perú, donde se casó y enriqueció, y donde pronto fue conocido por su violencia, crueldad y tendencias sediciosas.

Entonces, la supuesta existencia de un gran imperio, “El Dorado y el fantástico país de la Canela”, regido por un príncipe inmensamente rico, que diariamente se perfumaba con un licor virtuoso sobre el que espolvoreaba oro finísimo, exacerbaron las codicias, y en su busca se organizaron numerosas expediciones que contribuyeron a la exploración del Continente Suramericano.

La primera expedición fue la patrocinada por el extremeño Francisco de Orellana que desde los ríos Coca y Napo y superando infinidad de calamidades y peligrosos combates contra los indios, capitaneados por mujeres guerreras, como las amazonas de la Mitología griega, recorrió, por primera vez, hasta el atlántico el río que por esta causa le dieron el nombre de Amazonas que ha perdurado.

La segunda expedición fue dirigida por el navarro Pedro de Ursúa, que siguiendo el Río de los Motilones, llegaron al Marañón o Amazonas, cuyo curso siguieron. Pero un año después, los celos provocados por la presencia de la bella viuda, Inés de Atienza, que enamorada de Ursúa, les acompañaba y financiaba la expedición y de la que también otros jefes se enamoraron, ocasionaron un motín, patrocinado por Lope de Aguirre que costó la vida a Ursúa y después a su sucesor, por lo que de hecho se convirtió Aguirre en el verdadero jefe de la expedición, que impuso, por terror, su voluntad a todos y obrando como un loco sanguinario, cometió numerosos crímenes, entre ellos el asesinato de Inés y el de muchos marañones, nombre dado por él a los que le seguían y rebelándose contra Felipe II le escribió una inaudita y célebre carta

Pero en medio de tan trágicos episodios y después de vencer un sinfín de peligros y calamidades incontables, los expedicionarios recorrieron por segunda vez el Amazonas y llegaron al Atlántico.

Ya en el Océano, Aguirre se dirigió a la isla Margarita, donde entró a sangre y fuego, matando a más de 50 pobladores y borrando del mapa las poblaciones cercanas. Sin embargo, cuando pasó al continente, en su intento de tomar Panamá, su rebelión contra la monarquía española cambió de curso. Rodeado en Barquisemetro y no viendo escapatoria, desesperado, mató a puñaladas a su propia hija, Elvira, que le acompañaba (porque a quien quiero tanto, no se acueste con personas ruines).

Finalmente mató a varios marañones que intentaron capturarle, pero dos de sus seguidores le apuntaron sus arcabuces, uno disparó y solo consiguió rozarle, causando la mofa de Aguirre, pero el otro acertó y le mató en el acto. Su cuerpo, descuartizado, fue enviado a varias ciudades de Venezuela y comido por los perros; pues en 10 meses había asesinado a 72 personas de su expedición que les consideraba no útiles o implicadas en la empresa.

No obstante, Simón Bolívar diría después que “la rebelión de Aguirre fue la primera declaración de independencia de una región de América y actualmente calles de localidades españolas llevan el nombre del Explorador, como son: Roquetas de mar(Almería), Torre Pacheco y Pozo Estrecho (Murcia) y su localidad natal, Oñate,(Guipúzcoa) .





viernes, 16 de abril de 2010

¿LIBERTAD IGUAL A TRISTEZA?





















Un día el canario verde, no sé como ni por qué, voló de su jaula. Era un canario viejo al que no habia dado libertad por miedo a que se muriera de hambre o de frio, o de que se lo comieran los gatos.
Estuvo volando toda la mañana entre los arboles del huerto, en el pino de la huerta, por las lilas. Los niños estuvieron toda la mañana tambiem, sentados en la galeria, viendo los breves vuelos del pajarillo amarilllento Libre revoloteaba junto a los rosales, jugando con una mariposa.
A la tarde, el canario se vino al tejado de la casa grande, y allí se quedó largo tiempo. De pronto, y sin saber nadie ni por qué, apareció en la jaula. otra vez alegre.
¡Qué alegría en el jardín! Los niños saltaban, tocaban las palmas; Diana, loca, le seguía, daba vueltas como si fuera una bailarina.

Juan Ramón Jimenez


miércoles, 31 de marzo de 2010

FERNANDO IV EL EMPLAZADO


File:Ejecución de los hermanos Carvajal.jpg

Fernando IV el Emplazado, rey de Castilla, sucedió a su padre en el trono, Sancho IV el Bravo, bajo la regencia de su madre, María de Molina, mujer prudente y generosa , que con entereza y tacto politico, logró salvar la autoridad real y la permanencia de su hijo en el trono.

            Pues su efímero reinado como su vida fueron de lo más anarquico de nuestra historia, ya que sus primos hermanos, los Infantes de la Cerda, y multitud de otros parientes, renovaron sus pretenciones al trono, llegando a pactar el reparto del reino.

            A los ventisiete años de edad, muere el rey, y deja como futuro heredero a su único hijo varón, de un año de edad, que reinaría despues como Alfonso XI de Castilla el Justiciero.

            La Muerte de Fernando IV se produjo en 1,312 en la ciudad de Jaen, y la historia y la leyenda se entrelazan a causa de las misteriosas circunstancias del fallecimiento del monarca, que como despues de comer se retirase a dormir la siesta, al cabo de un rato, le hallaron muerto y nadie le vio morir.

            Cronicas y autores describen de forma similar que estando el rey en Martos y usando de una rugurosa justicia, mandó prender y despeñar, desde la Peña de esta localidad, a dos caballeros de la Corte, hermanos, Pedro y Juan Alfonso de Carvajal, acusados falsamente, quizás, de haber dado muerte, a la salida de la casa de rey en Palencia, a Gomez de Benavides, privado del rey.

            Nada valió a los Carvajal jurar su incencia, y como en su fuero interno el rey les ejecutaba sin razón, le emplazaron, en treinta días, a comparecer con ellos, en juicio divino ante Dios. 

            El Padre Mariana, escritor e historiador, describe la condena y ejecución de los hermanos Carvajal y la muerte de Fernando IV a los treina días  de  el emplazamiento.  De ahí, el póstumo sobrenombre de Fernando IV el Emplazado, que recibió y no conoció. 
          
 

domingo, 7 de marzo de 2010

LA CAMPANA DE HUESCA




007.-   Ramiro II el Monje ocupó el trono de Aragón a la muerte de su hermano Alfonso I el Batallador, que si bien, dejó testados su estados a los caballeros hospitalarios y templarios, los aragoneses proclamaron rey a Ramiro que a la sazón era obispo de Barbastro, pero no los navarros que eligieron, como rey, a García Ramírez, consolidándose así la separación de Navarra y Aragón.

            El obispo ya rey, para contraer matrimonio con Inés de Poitiers obstuvo licencia papal, hecho que disgustó al rey castellano Alfonso VII que invocando mejor derecho que Ramiro, invadió la Rioja y se  apoderó de Zaragoza  que después devolvió pensando incorporar Aragón a Castilla por medios pacíficos, pero el vasallaje de Ramiro  le apartó del reino aragonés.

            Ramiro, hombre de paz , no pudiendo resistir a Alfonso VII, buscó una solución viable, que acredita su visión politica y falta de ambiciones, pactando los esponsales de su hija Petronila, que contaba dos años, con el Conde de  Barcelona, Ramón Berenguer IV, que tenía venticuatro.

También renunciando al trono en favor de su hija, entregó a su futuro yerno, el cual tomó el título de príncipe de Aragon, las riendas del poder, y se retiró de nuevo a la vida claustral, satisfecho de ver consolidada su obra con el nacimiento de su nieto Ramón, luego Alfonso II  rey de Aragón y Cataluña.

             Ramiro II,  pensando escarmentar a una nobleza turbulenta que le menospreciaba y le motejaba rey Cugulla, aludiendo a su anterior condición de fraile, dispuso la construcción de una campana que se oiría en todo el mundo, y para lo cual hizo colgar por el cuello a gran cantidad de nobles, en  forma de circulo, simulando la campana, y de cuyo centro colgó, como badajo,  el cuerpo del más significado preboste.

              Y, efectivamente, el eco fue mundial.
               No obstante, ahora se comenta la supuesta rigurosa justicia que el monarca hizo en los nobles levantiscos, como una falsedad  inverosímil, tanto por la falta de pruebas, como por el caracter pacífico y bondadoso del monarca
.
              No obstante, parece que la campana de Huesca sonará siempre.

sábado, 6 de marzo de 2010

PORTUGAL Y SU ORIGEN

006.-   El rey Fernando I dividió entre sus hijos el Imperio castellano-leonés:  Al primogénito, Sancho, le dió Castilla; al segundo, Alfonso, legó León; y al tercero, García, le dejó Galicia, en calidad de reinos. 

            Este reparto tuvo funestas consecuencias, pués Sancho II, creiendose con derecho a la herencia paterna, venció y destronó a sus hermanos, Alfonso y García, que buscaron refugio en las cortes moras de Córdoba y Sevilla; después sitió  a Zamora, señorio de su hermana Urraca, y de donde salió un fingido desertor, Vellido Dolfos, que en un descuido mató al rey y a uñas de caballo se refugió en Zamora.

             Muerto Sancho II sin suesión, fue investido rey su hermano Alfonso, quien seguidamente eliminó a su otro hermano, García, al que encerró en el Castillo de Luna  y donde murió diez y siete años después e incorporó Galicia a Castilla y reunió en su mano todo el patrimonio de su padre.

              No obstante, después,  Alfonso VI es uno de los reyes más importantes de la reconquista, logrando en una primera etapa de gloria imperial, que sus exitos politicos y militares fueran coronados con  la toma de Toledo,

 Pero en una segunda etapa, separadas por la invasión de los almorávides, Alfonso VI se vio amargado por una serie fracasos militares y perdidas territoriales, que culminan en las derrotas de Sagrajas y Uclés que costó la vida al infante Sancho, unico hijo varon de Alfonso VI.

                Para ayudar al rey castellono, en su lucha contra los muslmanes, habian venido a España  numerosos caballeros extranjeros, entre los cuales, los nobles Raimundo de Borgoña y su primo Enrique de Lorena, a los que Alfonso VI casó, respectivamente, con sus hijas Urraca y Teresa. Al primero le cedió el condado de Galicia, y al segundo, el de Portugal, entre el Miño y el Tajo, pero con caracter de fuedos y sus condes vasallos del rey de Leon.

                 Viuda doña Teresa, su hijo Alfonso Enriquez tomó el título de rey de Portugal, que le fue reconocido por su primo Alfonso VII el Emperador en la entrevista de Zamora.

                  Alfonso Enriquez, a fin de afianzar su independencia, se hizo vasallo de la Santa Sede, y el Papa Alejandro III le reconoció el título real.

                 Tal es el origen del reino portugués.